Final alternativo para "1984", de G. Orwell, por Morena Villa
(Situado en el momento en el que a Winston lo torturan con su mayor miedo para que
traicione a Julia)
Era un castigo muy corriente en la China imperial —dijo O'Brien, tan didáctico como
siempre.
La careta le apretaba la cara. El alambre le arañaba las mejillas. Luego… no, no fue alivio, sino solo esperanza, un diminuto fragmento de esperanza. Demasiado tarde, quizás fuese ya demasiado tarde. Pero había comprendido de pronto que en todo el mundo, solo había una persona a la que pudiese transferir su castigo, un cuerpo que podía arrojar entre las ratas y él... Sin embargo, no pudo. El simple hecho de pensar en volver a tener su vida normal, trabajar en el Ministerio de la Verdad alterando la realidad, tomando su ración de sacarina todos los días, en renunciar a sus nuevos ideales... Winston ya había sentido el placer de sus crímenes, el placer de la "libertad", del sexo, de doblepensar libremente. La sola idea de no volver a sentir eso nunca más le carcomía la cabeza, llevándolo a doblepensar y razonar que, de seguir con su vida y traicionar uno de sus más grandes ideales (sus sentimientos por Julia), volvería a su vida monótona del Partido, con pensamientos no propios, con el sentimiento de vivir bajo la opresión y mentiras. Esto le generaba un mal sabor de boca a Winston.
O´Brien, al ver la indecisión y duda por parte de Winston, soltó un suspiro decepcionado y acercó su mano a la jaula.
—Realmente pensaba que tenías una inteligencia superior, Winston, pero parece que me equivoqué. ¿O estoy equivocado? Elige, Winston: tu libertad a cambio de tus principios, o que tu cara sea comida y despedazada poco a poco por estas ratas.
La tensión era palpable en la Habitación 101. Winston detuvo el doblepensar y escuchó los chillidos de las ratas, hambrientas dentro de la jaula. Con una decisión tomada, miró a
O´Brien y gritó con fervor:
—¡ABAJO EL PARTIDO, ABAJO EL GRAN HERMANO Y TODA SU CORRUPCIÓN Y MENTIRAS, ABAJ…! —De repente, se escuchó el último resorte de la jaula soltándose y los gritos de Winston dejaron de tener coherencia, convirtiéndose en chillidos de absoluto dolor que se mezclaban con los agudos chillidos de las ratas y el sonido metálico de sus choques contra la jaula, junto a los golpes de los pies de Winston contra el piso y la silla.
Luego de algunos minutos, los gritos de Winston pararon. Sin embargo, los chillidos de las ratas, los ruidos metálicos, los sonidos de la piel al ser arrancada y el olor a sangre creaban un ambiente lúgubre y tétrico. O'Brien, que hasta el momento se había mantenido firme al lado de Winston, se alejó, observó la escena frente a sus ojos y soltó al aire:
—Qué decepción. Realmente pensé que eras inteligente, Winston. Pensé que tu inteligencia era recíproca a la mía, pero me equivoqué —dijo fríamente mientras caminaba hacia la puerta de la habitación. Una vez con su mano en la perilla, miró una última vez a Winston, que seguía siendo devorado por las ratas, y abrió la puerta—. Encárguense de limpiar esto, camaradas —le dijo a los guardias—. ¿Qué ha pasado con la traidora Julia? ¿Se ha redimido o tuvo el mismo final que su amante fatal?
—Ella ha traicionado a Winston, camarada. Se ha redimido.
—Muy bien hecho. Qué pena que Winston no haya sobrevivido lo suficiente para poder escuchar esta noticia sobre la traición a su persona. Es una pena —dijo O´Brien de forma seca mientras se alejaba a paso tranquilo de la Habitación 101, de la cual se veía cómo un cuerpo sin vida era sacado a rastras sin rastro de delicadeza para luego ser lanzado por un agujero de la pared, vaporizando tanto la existencia de Winston como la de las ratas.
Qué ironía, ser ejecutado en el Ministerio del Amor por culpa del amor y la fidelidad hacia los principios de uno mismo y hacia otra persona.
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